La incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria de urgencia condiciona el desarrollo profesional de la mujer

Esto se traduce en paréntesis intermitentes que hacen descender la productividad.

La vejiga hiperactiva afecta a una de cada cuatro mujeres mayores de 40 años. Con un tratamiento adecuado, esta patología es compatible con una actividad laboral normal.

Madrid, 8 de marzo de 2008.- La vejiga hiperactiva es una patología crónica que padecen más de dos millones de personas en nuestro país, afectando a más de un tercio de la población española mayor de 40 años, de la que un 24 por ciento son mujeres 1.

Esta patología, que se caracteriza por un aumento de la frecuencia urinaria (más de 8 veces al día) y la necesidad repentina de orinar, acompañada o no de incontinencia urinaria, tiene un gran impacto en la calidad de vida de quienes la padecen al ver disminuida su calidad de sueño, sus relaciones sociales e incluso su actividad laboral. En el ámbito laboral, esto se traduce en paréntesis intermitentes que hacen descender la productividad, en la constante interrupción de reuniones, el ver su agenda condicionada por la necesidad de ir al baño o la influencia de esta patología en la decisión de una jubilación voluntaria o anticipada.

En palabras de Carmen Chacel, presidenta de la Asociación Nacional de Ostomizados e Incontinentes (ANOI), “el miedo a mojarte hace que te bloquees, impide que te concentres y eso afecta a la calidad de tu trabajo. Eso por no hablar de que lo primero que hacemos al llegar a unas oficinas es localizar los aseos. Necesitamos tener la seguridad de que tenemos localizado el servicio para estar razonablemente tranquilas, porque el estar nerviosas puede provocarnos un escape de orina. Y en condiciones normales, podemos abandonar una reunión de unas 4 horas de duración hasta 3 ó 4 veces para ir al servicio”.

Sin embargo, con un diagnostico y un tratamiento adecuados, la vejiga hiperactiva no tiene por qué condicionar la calidad de vida de quienes la padecen ni ser un obstáculo a la hora de desarrollar cualquier actividad laboral o incluso de promocionarse profesionalmente. “Padecer vejiga hiperactiva es incompatible con ostentar un cargo de responsabilidad. En ocasiones es la propia persona que padece esta patología la que no quiere que se la promocione porque eso significaría que tendría que viajar más, reunirse con más gente y en definitiva enfrentarse a más situaciones nuevas y que escapan de su control y eso le provoca inseguridad ante el miedo a un escape de orina”.

Es fundamental que los pacientes no se “resignen” a sufrir las limitaciones que impone la vejiga hiperactiva, ya que a pesar de que su prevalencia (17%) es mayor que la de otras enfermedades comunes como la depresión (8%), el asma (8%), la diabetes (cerca del 6%) o la osteoporosis (4%), se trata de una patología infradiagnosticada e infratratada, ya que el 40 por ciento de los pacientes se muestra reacio a acudir al médico, ya sea por vergüenza, porque la atribuyen erróneamente al proceso normal de envejecimiento o porque crean que lo que les ocurre no tiene solución.

Como afirma el doctor Salvador Arlandis, del Servicio de Urología del Hospital de La Fe (Valencia), “existe un concepto erróneo de que las pérdidas de orina son normales en la mujer conforme avanza la edad, y se asume como una alteración que debe padecerse con resignación. Además, hasta cierto punto existe la falsa creencia de que este problema no tiene solución, nada más lejos de la realidad”.

Y es que quienes padecen vejiga hiperactiva deben saber que en la actualidad existen numerosas soluciones médicas y quirúrgicas que pueden solventar o mejorar este problema en un alto porcentaje de casos. “Recientemente se ha incorporado al vademécum de los profesionales sanitarios una nueva opción terapéutica, la fesoterodina, que como nuevo agente anticolinérgico aporta un mejor control de la incontinencia urinaria de urgencia, con unas características farmacológicas diferenciadas que permiten beneficios adicionales en el tratamiento”, afirma el doctor Arlandis.

Por ello, el primer paso para que los pacientes mejoren su deteriorada y condicionada calidad de vida, es superar la vergüenza y los falsos mitos relacionados con esta patología y acudir a la consulta del médico, que será el que les recomiende el tratamiento más adecuado a su ritmo de vida y circunstancias personales.

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